martes, 18 de febrero de 2014

Actividades : Núcleo Etnológico de Puruyena.

Interesante actividad la que se ha desarrollado en el centro, realizada por el Núcleo Etnológico de Puruyena consistente en la realización de tres talleres de gran interés para el alumnado del centro:

  • Taller de alfarería.
  • Tiro con arco.
  • Cetrería.
Todos han disfrutado y en la exhibición final faltaba tiempo para que los alumnos interactuasen con las águilas.

lunes, 17 de febrero de 2014

Calendario Escolar 17/18

La legislación vigente en materia de calendario escolar varia en función de fiestas locales, en el caso de Sierra de Yeguas y durante este curso escolar el 14/05 es fiesta local y por tanto no hay clases al igual que el 30 de abril.

Para ver el Calendario correspondiente al curso 2017/18 publicado por la Consejería de Educación pulsa AQUÍ

miércoles, 15 de febrero de 2012

Planes y Programas

En nuestro Centro Educativo además de las actividades que integran nuestro currículum se desarrollan otras encuadradas en diversos Planes y Programas que realizamos. Éstos inciden en aspectos relativos a ecología, salud, igualdad, convivencia, fomento de la lectura, aplicación de las nuevas tecnologías a la educación... 

Para una mejor información sobre dichos Planes y Programas pincha aquí

Cuento: Limoncín y Fresita. Autor: Diego Solís Sojo.

Hace mucho tiempo existió un reino donde había dos países: el país Rojo y el país Amarillo. En el país Amarillo, todo era amarillo: el cielo, los arboles, las casas, todo pintado de un intenso color amarillo. En el país de los Rojos, todo era de color rojo: el cielo, los arboles, las casas,…etc., todo pintado de un intenso color rojo. Y las tierras donde ambos colores se mezclaban eran de color naranja.
Tiempo atrás, los habitantes de los dos países eran muy amigos y vivían alegres y contentos.
Los sábados y domingos organizaban fiestas donde cantaban, bailaban y reían todos juntos. Pero, de la noche al día, a causa de algunas peleas y discusiones entre algunos habitantes, se hicieron enemigos. Los alcaldes mandaron levantar un muro ancho y grueso allá donde terminaban sus tierras y prohibieron a sus habitantes que traspasaran la frontera. Si desobedecían esta orden, serian duramente castigados. El rey de aquel reino estaba enterado de lo sucedido pero como era muy despreocupado, no hizo nada para poner medio a la situación. Así que desde entonces ya no hubo más bailes, ni fiestas y los habitantes de los dos países no volvieron ni a cantar ni a reír.
En el país de los Amarillos había un niño al que todos conocían como Limoncín. Era muy curioso y le gustaba mucho pasear por el bosque, observando las flores, los animales, las tierras y, a menudo, preguntaba a los mayores las cosas que no sabía. Un día, Limoncín salió a pasear con su abuelo y le pregunto:
- Abuelo, ¿qué hay detrás de aquel muro tan alto?
- Allí se encuentra el país Rojo. –respondió el abuelo. Ese país está lleno de gante malo y nunca debes de acercarte a su frontera.
- Pero, ¿Por qué dices que hay gente mala?- insistió Limoncín.
- Hace mucho tiempo, un hombre de aquel país vino por la noche a casa del panadero y le robó todo el dinero y todo el pan que tenía. El pobre panadero y su familia se quedaron sin dinero y el pueblo se quedó sin pan durante cuatro días. Así, que ya sabes, Limoncín, todos los habitantes del país Rojo son unos ladrones.
- Pero, Abuelo, si solo fue un habitante el que robó, ¿Por qué dices que son todos unos ladrones?
- Porque sí, Limoncín, si uno lo es, son todos.
-Pero abuelo,…
Ni pero ni nada, Limoncín, Es así y punto. Anda, deja de preguntar, ve a jugar y recuerda que por nada del mundo debes acercarte al país Rojo.
Limoncín se fue a jugar, pero no podía quitarse de la cabeza lo que su abuelo de había explicado.
En el país Rojo, vivía una niña a la que todos conocían como Fresita. Era muy curiosa y le gustaba mucho pasear por el bosque, observando las flores, los animales, las tierras y, a menudo, preguntaba a los mayores las cosas que no sabía. Un día, Fresita salió a pasear con su abuelo y le pregunto:
- Abuelo, ¿qué hay detrás de aquel muro tan alto?
- Allí se encuentra el país Amarillo. –respondió el abuelo. Ese país está lleno de gante malo y nunca debes de acercarte a su frontera.
- Pero, ¿Por qué dices que hay gente mala?- insistió Fresita.
- Hace mucho tiempo, un habitante de aquel país vino a vender un jarabe que lo curaba todo. Nosotros lo creímos y fuimos a comprarle muchos frascos. El hombre se fue y cuando probamos el jarabe nos pusimos todos enfermos. Aquel hombre nos engaño y se quedo con nuestro dinero. Así que ya sabes Fresita, todos los habitantes del país Amarillo son unos mentirosos y unos estafadores.
- Pero abuelo, si solo fue un habitante el que os engaño. ¿Por qué dices que todos son unos estafadores?
- -Porque sí, Fresita, si uno lo es todos lo son.
- Pero abuelo,….
- Ni pero ni nada, Fresita. ES así y punto. Anda deja de preguntar y ve a jugar y recuerda lo que te he dicho, no debes acercarte al país Amarillo.
Fresita se fue a jugar pero tampoco se podía quitar eso de la cabeza.
Aquella noche, Limoncín y Fresita, desde sus respectivos países, pensaron y pensaron hasta que al final decidieron hacer alguna cosa para que los habitantes de los dos países volvieran a ser amigos e hicieran las mismas cosas de antes bailar, cantar, reis,…etc.
Sus abuelos les habían contado historias que hablaban de la existencia de un mago. Un mago muy sabio y poderoso que podía conseguir cualquier cosas con sus poderes. Este mago vivía en la cueva de una montaña justo en el centro del territorio naranja. Sin pensarlo dos veces, Limoncín y Fresitas, cogieron su mochila, la cargaron con bocadillos y salieron rumbo al territorio naranja, en busca del mago, para pedirle que consiguiera que sus países volvieran a ser amigos. Antes de salir de casa dejaron una nota a sus padres para que no se asustasen, si no los encontraban y bajo la luz de la luna emprendieron su viaje.
Limoncín y fresita, caminaban por los bosques y campos a travesaron ríos y montañas, hasta llegar al muro de su país. Y tuvieron suerte, porque allí encontraron un pequeño agujero por donde pasar. Cuando ya se hallaban en el territorio naranja, los protagonistas de nuestra historia se encontraron frente a frente. Se miraron boquiabiertos y empezaron a hablar:
-¡Hola!- dijo Limoncín-
-¡Hola! – respondió Fresita.
-Me llamo Limoncín y vengo del país Amarillo.
-Yo me llamo Fresita y vengo del país Rojo.
Entonces, cada uno explico lo que su abuelo le había contado sobre el otro país y descubrieron que lo que decían no era del todo cierto.
-Yo pienso que los habitantes de tu país, como los míos, son buenas personas. –Dijo Limoncín.
-Yo pienso lo mismo. -respondió Fresita. No se puede juzgar ni acusar a todo un país por el error de una sola persona.
Los dos niños estaban de acuerdo y se dieron cuenta de que habían pensado lo mismo: ir hasta la cueva del mago y pedirle ayuda. Así que Limoncín y Fresita decidieron continuar el viaje juntos.
Caminaron un buen trecho y pasaron por muchas aventuras, jugaron, compartieron sus bocadillos y se explicaron cómo eran sus habitantes y sus países. Pero lo mejor de todo es que aquel viaje las sirvió para hacerse amigos. Y sobre todo para darse cuenta de que hay mucha personas que, a veces, comenten errores, pero que hay otras muchas personas que son buenísimos.
Cuando por fin encontraron la cueva del mago, entraron poco a poco y en silencio. Miraron a un lado y a otro, y descubrieron que no había nadie. Llamaron al mago, primero muy bajito y luego a gritos, pero no lo encontraron por ningún lado. En la cueva solo encontraron una mesa donde el mago realizaba sus pócimas secretas. Limoncín y Fresita, se pusieron muy triste porque después de un viaje tan largo no habían conseguido hablar con el mago. Se sentaron en la mesa y , de repente, supieron lo que tenían que hacer.
-¡Ya lo tengo!- grito fresita. No nos hace falta ningún truco de magia, porque para que nuestros países dejen de ser enemigos sólo necesitamos que….
-Sí, esto es lo que tenemos que hacer. Volveremos a nuestros países y hablaremos con ellos hasta que se den cuenta.
Y así lo hicieron, los dos niños corrieron hacia sus países a pedir a su alcalde hacer una reunión con todos los habitantes. Limoncín explicó al país Amarillo lo que había vivido con Fresita. Y Fresita hizo lo mismo en el país Rojo. La verdad es que costo hacer cambiar de idea a sus vecinos, pero finalmente la gente aprecio el gesto que habían hecho los dos niños realizando un viaje tan largo y peligrosos para unir a los dos países. Los alcaldes mandaron destruir el muro que separaba los dos países y construyeron un gran puente para unirlos. Hicieron una gran fiesta para celebrarlo. Limoncín y Fresita fueron los invitados de honor. Cantaron, bailaron y rieron juntos hasta que salió el sol. Fue así como Limoncín y Fresita, con un profundo gesto de amistad, devolvieron la alegría que tiempos atrás dominaba aquellas tierras.

Fin.

Cuento: La Paz Arregla cualquier Conflicto. Autora: Elena García Becerra.

Erase una vez un pueblo donde no podías encontrar paz y tranquilidad, porque todo lo que le rodeaba era montones de tanques y soldados que no paraban de pelear, tiendas de campaña, donde descansaban los soldados heridos que por desgracia habían muchos, y ni una sola persona en la calle. Todos estaban escondidos en unos refugios que se instalaron en las casas cuando empezó la guerra entre los pueblos. Llevaban así años sin poder salir de espacios reducidos, donde se encontraban las familias, habían familias de todos tipo, numerosas, pequeñas, de matrimonios jóvenes, ancianos y muchos más. Pero había una familia diferente, era una familia muy triste, ya que estaba formada por los padres, un niño de diez años, que se lamba Juan, y otro de tres años, que había fallecido hace pocos días, debido a una enfermedad que necesitaba un tratamiento que solo podían conseguirlo en el pueblo enemigo, que debido a la guerra no pudieron lograrlo.
Su hermano estaba deprimido y sin ganas de hacer nada. No comía, no podía dormir y se pasaba todo el día sentado en un rincón con la cabeza hacia abajo. Al fin, un día levanto la cabeza y prometió a sus padres que ayudaría a que casos como el de su hermano no se volverán a repetir, pero nunca usaría la violencia, ya que debido a eso su hermano falleció. Juan les explico a sus padres todo lo que había estado pensando durante todos aquellos días, aislado del mundo. Juan una vez que se lo contó todo a sus padres, a ellos les pareció una buena idea y les sugirieron a Juan que todo lo que les había contado a ellos se lo contara al alcalde del pueblo mediante una carta. La cual decía así:
Respetado Alcalde:
Usted no me conocerá, pues solamente soy un ciudadano de a pie como los demás y tengo diez años, supongo que estará muy ocupado, pero por favor concédame un momento de su tiempo. Yo soy el hermano de un niño que falleció hace poco. Estamos muy deprimidos y decidí, que debía hacer algo, así que le mando esta carta para decirle:
Que después de investigar y pensar mucho llegué a la conclusión de que porque nos estamos enemistando, cuando perfectamente si nos uniéramos podríamos inventar y construir muchas fábricas que generaran empleo, electricidad, agua y otras muchas más cosas respetando el medio ambiente, porque no expulsarían humo que las fábricas hacen actualmente.
Lo que me quiero referir con esta carta es que por favor intenten usar el diálogo para acabar con esto, porque no quiero que el caso de mi hermano se repita, más que nada por el sufrimiento que causa a los seres queridos.
Gracias por haber escuchado y por favor haga algo para solucionarlo.
Después de haberle enviado la carta, Juan se quedo muy satisfecho, porque estaba orgulloso de poder estar ayudando a que casos como los de su hermano no volvieran a ocurrir, y además, sin tener que recurrir a la violencia, sino usando el dialogo amablemente.
Uno de tantos días, suena el teléfono del refugio de la familia de Juan. Era el Alcalde, que había leído la carta que le envió. El alcalde pregunto que si podían ir al ayuntamiento para hablar con Juan y sus padres. Al llegar al ayuntamiento, tuvieron una reunión, el alcalde lo primero que hizo fue darles el pésame y más tarde empezaron a hablar sobre la carta. 
El Alcalde le prometió a Juan qu intentaría hacer todo lo que pudiera para acabar con esto, pero que a cambio Juan debería enviarle la carta al otro alcalde del otro pueblo. Juan acepto, y decidió enviársela.
Al día siguiente, de enviarle la carta, las sospechas que Juan tenía sobre si le llamarían o no se acabaron cuando sonó el teléfono y vio que era el Alcalde, pidiéndole que fueran a hablar con él, pero con la condición de que fuera el alcalde de su pueblo y sus padres, y el otro alcalde acepto.
Cuando se encontraron en el Ayuntamiento del otro pueblo, y los alcaldes se vieron en persona por primera vez, se dieron cuenta de que cada uno era el hermano perdido del otro, salieron corriendo a abrazarse, pero antes de hacerlo gritaron a plena voz: 
¡SE ACABÓ LA GUERRA!
Repitiéndolo varias veces hasta que los tanques pararon, las personas salieron de los refugios y se terminó el espantoso ruido de las armas.
Y así fue como los dos pueblos pasaron de ser enemigos a der amigos.

Fin.

Cuento: La Paloma Mari Paz. Autora: Cynthia Sánchez Rodríguez.

La luna grande y redonda, como un apelota de plata, brillaba en lo alto del cielo. Esta noche hacia tanto calor en la selva que el mono Tono no era capaz de coger el sueño. Harto de dar vueltas en su rama, bajo a la laguna a darse un baño.
- ¡Vaya!. Exclamo al asomarse a las aguas tranquilas. -¡Una tarta de nata!. ¡Qué risa! Me la voy a comer entera yo solito.
En ese momento pasaba por allí la elefanta Amaranta, dispuesta a llenar su trompa de agua para darse una refrescante ducha. Cuando Amaranta, vio al mono Tono trepando para hincarle el diente a una enorme tarta de nata, que flotaba en mitad de la laguna, se puso a gritar:
- ¿Cómo te atreves mono mamarracho? – Le grito levantándole la trompa. – Esa tarta será para mí.
- Y ¿Por qué? – le preguntó enfadado el mono Tono. La tarta es mía:- ¡Yo la vi primero!
- ¡Ah! No, no, no hablar. Es mía porque yo soy la más fuerte de la selva. Y si no estás de acuerdo, emplearé toda mi fuerza contra ti y te haré papilla.
El mono Tono, atemorizado, decidió volverse a su rama.
La elefanta Amaranta iba a empezar a darse un atracón de trata de nata, cuando acertó a pasar por allí, el león Ramón.
-¡Uy!, ¿qué sed tengo? – Dijo Ramón. –Voy acercarme a la laguna para beber agua fresquita. 
Entonces, fue camino a la laguna y se tropezó con la elefanta y le dijo:
-¿A dónde vas, Ramón?
-Voy a beber agua fresquita de la laguna
-Pero, ¿Por qué allí y no en otro lugar?
Pues porque quiero ir allí, además yo no tengo que darte explicaciones, soy el rey de la selva y todo la que hay en ella me pertenece. Y si te atreves a rechistar, utilizare mi poder para expulsarte de mi reino.
Impresionada, por el brillo de la corona real, la elefanta no se atrevió a decir ni mu y decidió alejarse de la laguna.
El león estaba ya relamiéndose de gusto y abriendo sus fauces para engullir de un solo bocado la enorme tarta. En ese `preciso instante salió del agua la hipopótama Pótama, que se estaba dando su baño nocturno.
-¿Cómo te atreves, león presuntuoso?- Esa tarta es de mi propiedad.
-Pero, ¿Por qué?, Rugió el león. – Yo soy el rey de la selva.
-Dijo Pótama: Tu serás todo lo rey de la selva que quieras, pero en esta charca soy yo la que mando. Y si me robas lo que está en mi territorio, no te dejaré que vuelvas a acercarte por aquí para beber a la laguna.
El león, sabía que el agua era muy importante para poder vivir. Así que pensó que lo más prudente era marcharse por donde había venido.
La hipopótama Pótama, dando un berrido espeluznante, se metió en el agua de nuevo para comerse la tarta. Más no puedo hacerlo, porque oyó los gritos de protesta de la urraca Paca que volaba alrededor de la laguna:
-¿Cómo te atreves, Pótama insensata? Esa tarta tiene que ser mía.
-Pero,… ¡hip!, ¿Por qué?- pregunto Pótama con un ataque de hipo.
-Pues porque soy el animal más ricos de estos contornos y puedo comprarlo todo con mis riquezas. ¿A que no podrás resistirte a darme la tarta a cambio de este puñado de piedras brillantes?- Le propuso la urraca, mostrándole un montón de rubíes, esmeraldas y diamantes.
Al ver tanta riqueza, a la hipopótama se le encendieron los ojitos de codicia. Sin perder ni un segundo, Pótama cogió las piedras preciosas y salió corriendo.
Entre tanto, con tanta discusión y tanto ir y venís de animales, se había hecho de día. La luna se había marchado a dormir, y en su lugar, lucía un gran sol amarillo. Cuando la urraca se lanzó sobre la laguna para darse un festín, se dio cuenta de que… ¡La tarta había desaparecido!
-¡Eh! Tú, Pótama, ven aquí ahora mismo. Seguro que has sido tú la que te has comido la tarta.
- ¡Ah! No ni hablar, yo no he sido. Contesto indignada Pótama. Seguro que ha sido el león Ramón.
-Pero que dices, si yo ni siquiera la he probado. -Contesto Ramón. Seguro que ha sido la elefanta Amaranta.
-¿Cómo? Yo. Yo no he sido habrá sido el mono Tono.
-Tono respondió: ¿Cómo voy a comérmela yo? si llevo un montón de tiempo subido en mi rama escuchando vuestros gritos. Seguro que ha sido la urraca Paca.
Así, echándose la culpa y discutiendo sin parar se pasaron horas y horas, hasta que volvió a hacerse de noche.
- Mirad, grito el mono Tono. – La tarta vuelve a estar en medio del agua de la laguna.
Al verla, todos los animales se abalanzaron sobre ella. Pero cuando fueron a morderla, solo consiguieron darse un buen coscorrón y llenar sus bocas de agua.
Una risa alegra, que tintineaba como una campanilla, llamó la atención de los animales. Era la Paloma Mari Paz, que lo había visto todo desde el cielo.
-Ji, ji, ji, ji, reía divertida, Mari Paz. Pero no os dais cuenta de que la tarta de nata no es más que la luna llena que se refleja en la laguna?
Menudo chasco se llevaron Tono, Amaranta, Ramón, Pótama y Paca. Tanto tiempo discutiendo para eso.
A Mari Paz, le dio mucha pena ver sus caras de decepción. Entonces les dijo: 
- Venid conmigo. Os voy a invitar a pastel de chocolate, lo he cocinado yo misma esta mañana.
- Pero… ¿Por qué?- Le pregunto el mono Tono. -¿Es tu cumpleaños?
- ¡Oh!, no, no es mi cumpleaños, ni nada de eso. ES que estoy convencida de que compartiendo las cosas, se disfruta más de ella. Y yo voy a disfrutar mucho más de mi pastel si nos lo comemos todos juntos.
Y al rededor de la laguna, mirando a la luna de plata, aquella pandilla de animales se lo paso de maravilla comiendo pastel de chocolate y riéndose sin parar. 
Después de mucho comer, aprendieron de este encuentro que compartir y ofrecer hace cosquillas por dentro. 

Fin.

Cuento: El regalo Mágico del Conejo Pobre. Autor: Javier Honorato Benítez.

Hubo una vez, en un lugar una época de muchísima sequia y hambre, para los animales. Un conejito muy pobre caminaba triste por el campo cuando se le apareció un mago que le entrego un saco con varias ramitas. Le dijo: “– Son mágicas, y serán aun mas mágicas si sabes usarlas”. El conejito se moría de hambre, pero decidió no morder las ramitas pensando en darles buen uso.
Al volver a casa, encontró una ovejita y pobre que casi no podía caminar. – Dame algo, por favor”, le dijo al conejo. El conejo no tenía nada salvo las ramitas, pero como eran mágicas se resistía a dárselas. Sin embargo, recordó como sus padres le enseñaron desde pequeño a compartirlo todo, así que sacó una ramita del saco y se la dio a la oveja. Al instante, la rama brillo con mil colores, mostrando su magia. El conejito siguió contrariado y contento a la vez, pensando que había dejado escapar una ramita mágica, pero que la ovejita la necesitaba más que el. Lo mismo le ocurrió con un pato ciego y un gallo cojo, de forma que al llegar a su casa solo le quedaba una de las ramitas.
Al llegar a casa, contó la historia y su encuentro con el mago a sus padres, que se mostraron muy orgullosos por su comportamiento. Y cuando iba a sacar la ramita, llego su hermano pequeño llorando por el hambre, y también se la dio a él.
En ese momento apareció el mago con gran estruendo, y pregunto al conejito: - ¿Dónde están las ramitas que te entregue? ¿Qué es lo que has hecho con ellas?
El conejito se asusto y comenzó excusarse, pero el mago le cortó diciendo: - ¿No te dije que si las usabas bien serian más mágicas? ¡Pues sal fuera y mira lo que has hechos!
Y el conejito salió temblando de su casa para descubrir que a partir de sus ramitas, ¡todos los campos de alrededor se habían convertido en una maravillosa granja llena de agua y comida para todos los animales!
Y el conejillo se sintió muy contento por haber obrado bien, y porque la magia de su generosidad devuelto la alegría a todos.

Fin.